A cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4)


Todos estamos llamados a la santidad. Cada uno, según lo que Dios ha escrito en su corazón. Descubrir lo que Dios tiene pensado para nosotros, y poder elegirlo en libertad, es otra de las preocupaciones de nuestra pastoral juvenil.

No tengamos miedo a ser santos. Todos estamos llamados a la santidad, que no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en dejar que Dios obre en nuestras vidas con su Espíritu, en confiar en su acción que nos lleva a vivir en la caridad, a realizar todo con alegría y humildad, para mayor gloria de Dios y bien del prójimo. (Papa Francisco)